La música occidental en China

La música occidental en China


 Matteo Ricci, jesuita italiano quien durante el siglo XVI dedicó años a conocer la cultura china, fue el primer hombre en mostrar la música occidental en Oriente. A partir de entonces, y a pesar de la fuerte e imponente tradición china, los sonidos de Occidente se han ido fusionando con la cultura de un país en donde antes predominaban las armonías de la cítara, el sheng y el “chin”. La música occidental en China, texto del chelista y académico mexicano Carlos Prieto Jacqué, reseña de manera sucinta la introducción y evolución de la música de Occidente en China y su fusión con las tradiciones milenarias de dicho país.


 

Las páginas siguientes están dedicadas a reseñar de manera sucinta la introducción y evolución de la música occidental en China y su fusión con las tradiciones chinas. Antes de entrar en materia, cabe señalar que la música y los instrumentos chinos son mucho más antiguos que los occidentales. Se remontan al tercer milenio antes de Cristo. El qin (“chin”, especie de cítara) se origina hacia el siglo xxxiii a. C. En la época de Confucio (siglo vi a. C.) la música había alcanzado un desarrollo importante. Confucio (551-478) – como algún tiempo después Platón en Grecia– consideraba que la música desempeñaba un papel esencial en la educación, pues permitía poner el espíritu en orden.

La música occidental, más de un milenio posterior a la china, tiene sus orígenes en los cantos antifonales y los himnos de los primeros cristianos. Los referidos cantos fueron herederos de tradiciones musicales griegas, romanas y orientales y, a su vez, dieron origen a la llamada música gregoriana –así llamada por haberse coleccionado y codificado durante el papado de San Gregorio en el siglo vi de nuestra era– y que aún se canta en las iglesias católicas actuales.

La fuerza de las tradiciones musicales chinas es probablemente una de las razones por las cuales la música occidental tardó tanto tiempo en encontrar terreno fértil en China.

El primer contacto de la música europea con China se debe a Matteo Ricci, notable jesuita italiano que conoció China a fondo, aprendió el mandarín, vestía los hábitos de seda de los mandarines y era llamado “Li Matou” por los chinos.

Tras dos intentos infructuosos, Ricci llegó a la corte imperial en 1601, armado de presentes que entregó al emperador Wan Li, el penúltimo emperador Ming. Entre los regalos se contaba un precioso clavicordio. Varios eunucos de la corte imperial estudiaron música con el padre Diego de Pantoja, maestro español compañero de Ricci. Aprendieron varias obras sencillas en el clavicordio y fueron ellos quienes, en 1601, dieron el primer concierto de música europea en China, ante el emperador Wan Li y su corte en una lujosa sala del Palacio Imperial.

El jesuita alemán Johann Adam Schall von Bell, sucesor de Ricci, tuvo una relación muy cercana con Shunzi, el primer emperador de la siguiente dinastía, la Qing. Fue tutor de Shunzi, quien lo nombró director de la Oficina de Astronomía y le dio un terreno para edificar una iglesia, inaugurada en 1652.2 Se instaló allí un órgano y la iglesia se convirtió en un importante centro de difusión de la música litúrgica europea.

El emperador Shunzi murió a los veinticinco años de edad y el padre Schall fue arrestado y condenado a muerte, acusado de haber escogido un día de mal augurio para el sepelio de un pequeño hijo del emperador, muerto prematuramente. Las iglesias fueron cerradas y los jesuitas, franciscanos y dominicanos, expulsados o encarcelados.

Shunzi fue sucedido por el niño-emperador Kangxi, quien asumió los poderes al cumplir trece años en 1688 y expulsó a todos los mandarines que gobernaban en su nombre. Kangxi exoneró póstumamente al padre Schall y permitió el regreso de los misioneros. Varios jesuitas fueron nombrados maestros de matemáticas, astronomía, medicina, música y otras disciplinas en la corte imperial. El jesuita portugués Tomás Pereira llegó de Macao en 1673 y fue nombrado maestro de música. Entre los regalos que entregó al emperador figuraban un clavicémbalo y un pequeño órgano. Kangxi llegó a disfrutar intensamente los conciertos de música europea. El jesuita belga Jean Baptiste du Halde presenció aquellos conciertos y escribió lo siguiente:

A Kangxi le encantaron nuestros Aires Europeos… Luego él mismo tocó con músicos chinos un Aire Chino. El Padre Pereira sacó un cuaderno de música y escribió lo que estaba escuchando. Cuando terminaron los músicos chinos, el Padre Pereira repitió el Aire Chino a la perfección, sin fallar una nota. El emperador quedó asombrado…Ordenó que se tocaran varios aires adicionales [para probar nuevamente a Pereira]. El jesuita los copió y los repitió inmediatamente con total exactitud. “Hay que reconocer,” exclamó el emperador, “que la música europea es incomparable y que este Padre no tiene par en todo el Imperio”

El asombro del emperador Kanxi se explica porque no existía entonces en China un sistema de escritura musical. La música se transmitía de memoria de generación en generación.

El propio Kangxi aprendió a tocar varias obras en el clavicémbalo. Una de las primeras fue el rezo daoista Pu Zen Zhen, compuesto originalmente para pipa en la época Song (960-1126) y transcrito en 1592 para qin. 

Al morir Pereira en 1708, el emperador y sus hijos se quedaron sin profesor de música hasta 1711, cuando Teodorico Pedrini, sacerdote lazarista italiano, llegó a Beijing, vía Acapulco y Manila. El emperador Kangxi ordenó que se escribiera una enciclopedia titulada Luluzhengiy o El Verdadero Significado de la Música Temperada, que se refiere a los instrumentos y teoría de la música china, así como a la teoría de la música occidental, basada en parte en una obra de Pereira titulada Elementos de la Música. 

El Padre Pedrini fue el único compositor de los misioneros músicos del Palacio Imperial. Compuso en la Corte Imperial doce sonatas para violín y bajo continuo, al estilo de Corelli, con quien había convivido en Roma. La obra se titula Sonate a Violino Solo col Basso del Nepridi Opera Terza, o sea, Sonatas para violín solo con bajo, de Nepridi, Opus tres. Nepridi es un anagrama de Pedrini. Estas sonatas se conservan en la Biblioteca Nacional, en Beijing, y fueron grabadas en la Ciudad Prohibida en 1997.

Autor: Carlos Prieto

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